Justine nació un 17 de marzo a las 17:42. Era uno de esos días en que las piernas se te pegan en el tapizado de la silla. Los planetas estaban movedizos, descontrolados. En la tierra ningún pájaro cantaba, un silencio sepulcral rompía los tímpanos. Los transeúntes caminaban con los párpados caídos, un tanto tímidos o escondidos. Nadie hablaba, nadie se miraba. Parecía que la vergüenza se había apoderado del planeta por unos segundos. Justine fue fruto del choque entre el odio y el amor.

lunes, 29 de marzo de 2010

Imperdonablemente "Yo"

"Mi madre dio a luz mellizos, el miedo y yo". Hobbes

Me encontraba durmiendo en posición fetal. Lejos se escuchaba el girar de las aletas del ventilador. El sol entraba tímido por la ventana y llegaba a rozar mi piel.

Me rodeaban sus brazos, su boca y nariz tocaban mi nuca. Comenzaba a sentirme cómoda, con ganas de estar ahí. Repentinamente mis ojos se abrieron, parecía como si alguien me los hubiera abierto. Miraban para todos lados, se posaron por un momento en una pintura horrible de unos delfines, siguieron recorriendo la habitación, se posaron en cada detalle y cuando llegaron a él; un impulso hizo que me levantara. Busqué mi ropa, me calce los jeans y mis zapatos, pero no encontré la remera. La busqué por todos lados y cada vez que se frustraba mi búsqueda me ponía más nerviosa. Llevaba mis manos a mi cara y las frotaba. En una de esas veces, al correrlas de mis ojos vi que la remera se asomaba por encima de su hombro. Tome aire, me tranquilicé, me arrodillé a su lado, casi imperceptiblemente lo tomé de su hombro y lo levanté para sacarla. La tenía en mis manos cuando lo escuché decirme: ¿a donde vas? Siempre salís corriendo cuando tenes miedo….

Mi mentón se apoyó sobre su piel y mi mejilla se dejó caer sobre su cuello.

Un dominó de pensamientos comenzó a levantarse y desplomarse en actos dialécticos dentro de mi mente.

¡Miedo!

Mi vida entera comenzó a cruzar delante de mis ojos. Momentos, sucesos, donde el miedo la había invadido. Sentía el frío que muchas veces había atravesado mi cuerpo, pero que la hipocresía se había encargado de enmascarar.

¿Cuántas veces habré corrido detrás de personas por sentir miedo? ¿Cuántas veces habré corrido para alejarme de personas por el mismo miedo?

Perdí la razón del tiempo y del espacio. Ya no estaba ahí, mi pasado, mi presente y futuro se peleaban por enterrarse y desterrarse de mi mente.

Mi cuerpo permanecía inmóvil pero mis ojos demostraban el ir y venir de pensamientos que se habían apoderado de mí. Los sentimientos se asemejaban a profundos cortes que recorrían mi interior, un fuerte dolor en el pecho me dejaba más paralizada aún. El sol ya no estaba, había una sombra que me envolvía casi maternalmente.

Desde lejos, otra vez, siento su voz que en un tono seco y cortante dice:

¡Justine, me estas babeando! ….